En crisis colonias de abejas - UNIBAGUÉ

Workshop mostró evidencias científicas de los daños que están provocando los neonicotinoides en los polinizadores

"Las únicas bestias que envenenan lo que van a consumir son los humanos", esta fue una de las frases que pronunció el apicultor Yesid Antonio Arboleda, cuando se presentó ante los asistentes en el Workshop Plaguicidas, abejas y servicios ambientales: futuro de la polinización, realizado en días pasados en la Universidad de Ibagué. Y no era para menos su malestar, pues son varios los apicultores del país que han quedado prácticamente en la ruina tras la muerte de todas las abejas de sus colmenas, producto de los efectos de insecticidas neonicotinoides.

Este evento reunió a apicultores de varios municipios del departamento del Tolima con investigadores de las universidades: Austral de Chile, Nacional de Colombia y de Ibagué, quienes compartieron con los asistentes los resultados de varias investigaciones adelantadas por cada institución sobre los efectos de dichos plaguicidas, especialmente en las abejas. En la jornada se dieron a conocer evidencias científicas que soportanel daño que le producen los insecticidas a los polinizadores.

 

En el planeta existen más de 100 mil especies polinizadoras, entre otras se encuentran los murciélagos, las abejas,los abejorros, las moscas, las aves y las mariposas. La polinización realizada por especies que no son abejas varía entre 25 y 50%.  De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), el valor económico total de la polinización está estimado de 235 a 577 millones de dólares al año. De tal forma, que si la polinización se ve disminuida a causa de un excesivo mal uso humano de la agricultura y los productos, todos los países pierden, en general, la humanidad pierde.

Son muchos los cultivos que se benefician con la polinización. En Chile, por ejemplo, un 36% de la producción de semilla es gracias a la polinización de insectos, 48% de las hortalizas y 75% de las frutas.

¿Están los polinizadores en crisis?

Frente a esta pregunta, la investigadora de la Universidad Austral de Chile, Andrea Silva, respondió en su conferencia en el workshop con un sí rotundo. "Es una realidad mundial y para demostrarlo hay muchos estudios, los cuales nos muestran que la polinización está en crisis, que todos los insectos polinizadores a nivel mundial están en crisis y que la disminución de polinizadores se debe al efecto del hombre".

Estamos en el antropoceno, una nueva etapa geológica en la cual el hombre está introduciendo tal nivel de cambio en los ecosistemas que ha producido crisis en la biodiversidad a nivel general. Para citar solo un ejemplo, datos conservadores dicen que en Europa, que es donde hay más estudios sobre este tema, el 9% de las especies de mariposas y abejas está entrando cada año a la lista roja, es decir, a las especies en peligro de extinción.

Sin embargo, los polinizadores están en crisis no solo por el uso de pesticidas, sino también por la pérdida o fragmentación de su hábitat natural y por el cambio climático, entre otros.

Los insecticidas

El hombre ha utilizado los insecticidas desde tiempos pasados, en el año 2500 A.C., los sumerios utilizaban el azufre para el control de insectos. En 1800 se descubrió que la piretrina, compuesto que tiene de forma natural el crisantemo, servía en la agricultura para el exterminio de plagas. Luego, en 1940, Paul Hermann sintetizó el DDT, primer insecticida organoclorado y en 1960 aparecieron los piretroides a nivel comercial. Sin embargo, en 1962 se empieza a hablar que el DDT no era tan bueno porque se bioacumula siendo un peligro para la vida animal, por ello, en 1972 se prohibió en los Estados Unidos. Ya en 1993 aparecen los neonicotinoides.

El control de plagas se ha convertido en un tipo de carrera armamentista en la cual el hombre produce compuestos químicos, pero luego, los insectos son capaces de responder a ellos, adaptándose y generando resistencia. El uso indiscriminado de dosis y frecuencia de insecticidas ha dado lugar a un rápido aumento de la resistencia en los insectos plaga.

Para la investigadora chilena y directora ejecutiva de Austral-omics, Andrea Silva, el hombre es bastante ingenuo en creer que va a ser capaz de controlar las plagas con un insecticida. "La evolución es cambio y las especies cambian, por lo que basta que surja una mutación beneficiosa para que el clon benéfico sobreviva al ataque del organoclorado; se va a reproducir y a repuntar en la generación siguiente. En el control de plaga hay que incluir el conocimiento evolutivo que tenemos de las especies", precisó.

Dosis residuales también afectan

El debate que se está dando a nivel mundial sobre los efectos de los neonicotinoides no es si los polinizadores mueren cuando se alimentan de una planta que ha sido fumigada con ellos, porque efectivamente ello ocurre; la polémica está es por la dosis.

De acuerdo con la investigadora Silva, existen dosis residuales, es decir, pequeñas cantidades imperceptibles que quedan en el ambiente, incluso, después de meses de haberse aplicado el insecticida, y lo que se ha visto en las investigaciones es que estas dosis siguen teniendo efectos en insectos polinizadores y esta es una particularidad de los neonicotinoides.

Los neonicotinoides son insecticidas cuya estructura es similar a la nicotina. El hombre ha ido sacando distintos compuestos en el tiempo, les ha cambiado el nombre y la molécula, pero el efecto sigue siendo el mismo en los insectos.

Este es un insecticida sintético que no solo se aplica en los campos sino que la semilla completa se sumerge en el insecticida. Solo entre un 2 y un 20% del insecticida pasa a la planta y entre el 80 y el 90% del neonicotinoide que se aplicó en la semilla pasa al ambiente.

Este veneno tiene una vida media en el ambiente y puede alcanzar casi hasta los mil días. Se ha encontrado imidacloprid (neonicotiniode) en dosis de 1,0 a 3,4 partes por millón en colmenas, suelos, polen, flores, incluso, en campos que no se habían ocupado en los últimos tres años. El compuesto permanece, se modifica y,a veces, se rompe, pero sigue teniendo toxicidad para los insectos.

Producto del tóxico las abejas tienen alteraciones fisiológicas en el comportamiento y efectos sub-letales. La dosis, a pesar de ser baja, se bioacumula en el cerebro, el organismo las almacena. Según la investigadora, hay evidencias que muestran que los neonicotiniodes en dosis residuales tienen efecto en la memoria, en la comunicación, en la susceptibilidad, en la navegación, en la orientación, en el rendimiento de la reina y en los servicios de polinización de las abejas.

Preocupación de apicultores

Yesid Antonio Arboleda, apicultor de Ibagué y miembro del colectivo Abejas Vivas, indicó que esta agremiación nació hace aproximadamente un año por iniciativa de apicultores del Quindío y Guasca, Cundinamarca, quienes quedaron en la ruina por la muerte de sus colmenas por el uso de pesticidas.  Actualmente aglutina a cerca de tres mil 700 personas no solo apicultores, sino amantes del medio ambiente, la academia, investigadores, entre otros.

El colectivo radicó un proyecto de ley ante el Congreso de la República para la protección de los polinizadores y el fomento de cría de abejas en Colombia. Buscamos, también, que los químicos sean controlados, porque en nuestro país no hay control de las autoridades sobre estos productos, agregó Arboleda.      Por su parte, para Andrés Cocomá, apicultor del municipio de Anzoátegui y también miembro del colectivo Abejas Vivas, proteger a los polinizadores es resguardar a todos los seres humanos. La apicultura no es solo la comercialización de productos sino cuidar el ambiente. "Mi mensaje para los campesinos del país es que sin apicultura no hay agricultura".

El padre de Andrés se dedica a la apicultura desde hace más de 30 años; él, por su parte, siguió sus pasos y hace seis comenzó a criar abejas. Para este joven apicultor fue muy importante conocer de primera mano evidencia científica que les mostrara los efectos que están causando los neonicotiniodes en los polinizadores. "En diez años estaremos acabando lo que la naturaleza ha hecho en cien", añadió.